El asma, conocido también como asma bronquial, es una enfermedad pulmonar crónica determinada por la inflamación de las vías respiratorias. Esta patología, que se caracteriza por presentar una obstrucción total o parcial reversible de la vía aérea, una inflamación de los bronquios y un aumento de la resistencia de la vía aérea frente a diversos estímulos, provoca en los pacientes sibilancias, dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos.


Según la Organización Mundial de la Salud, el asma es la enfermedad más común entre los niños
Aunque su brusquedad y frecuencia varían en función de cada paciente, existen una serie de alérgenos que actúan como desencadenante, provocando la inflamación de los bronquios y, consecuentemente, la disminución del diámetro de éstos, que se cierran de forma reversible.

Algunos de los desencadenantes más conocidos son los ácaros de polvo –con tan sólo 0,000001 gramos de ácaro de polvo se puede provocar un ataque de asma-, el polen, el moho y la caspa o el pelaje de los animales.

También hay que añadir a la lista de los alérgenos algunos agentes irritantes, los cambios bruscos de temperatura, las emociones fuertes como el estrés, las infecciones respiratorias como el resfriado común, el humo del tabaco y ciertos medicamentos.