Cada año, por estas fechas, se repite la misma situación. Con la llegada del otoño se producen cambios bruscos de temperatura  – lo típico de salir por la mañana con manga corta y necesitar un abrigo al atardecer- que acaban provocando infecciones víricas comodefensas-bajas-otoño resfriados, bronquitis o neumonías, entre otras enfermedades respiratorias.

Este tipo de infecciones de origen vírico se propagan fácilmente, sobre todo en ambientes cerrados como guarderías y colegios donde los pequeños pasan la mayor parte del día. Por ello, como muchos ya habréis padecido con vuestros hijos, lo más habitual es que durante estos meses de frío vuestro bebé acabe contagiado por alguno de sus compañeros de pupitre.

Y es que aunque los más pequeños cuenten con un sistema inmunológico perfecto, durante los primeros años de vida éste todavía es inmaduro, por lo que se encuentran más expuestos a padecer algún tipo de infección respiratoria. De hecho, durante esta etapa infantil las consultas más frecuentes al pediatra son por procesos catarrales que de no tratarse a tiempo pueden derivar en complicaciones más severas.

 

Prevención

Una alimentación saludable – a base de frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos, entre otros- es esencial para aportar al organismo aquellos nutrientes necesarios que ayuden a fortalecer el sistema inmunológico.

Además, para prevenir tanto resfriados como gripes, se pueden reforzar las defensas de manera natural con el empleo de algunos aceites esenciales que contienen propiedades estimulantes, descongestionantes, antivirales, anticatarrales, antibacterianas y antifungicas.

Por último, es importante que tu hijo conozca e interiorice algunas normas básicas de prevención frente a los virus respiratorios. Así pues, explícale que debe utilizar pañuelos desechables, evitar compartir alimentos, tazas o botellas con otras personas resfriadas y lavarse las manos regularmente.

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