No hay ninguna duda, y así lo demuestran numerosos estudios científicos, que el tabaco es una de las principales causas de enfermedad y de muerte en el mundo, tanto para las personas fumadoras como para las personas que se encuentran expuestas de forma pasiva a esta sustancia. En España esta tendencia no es una excepción.

Según un informe elaborado por el Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías (OEDT), el tabaco es la segunda droga más extendida entre los estudiantes de 14 a 18 años, después del alcohol. Concretamente, el 38,4% de alumnos españoles admite haber fumado en alguna ocasión y se calcula que el primer consumo de tabaco se produce a los 13,9 años. Unas cifras realmente alarmantes.

Tabaquismo y problemas respiratorios
Más allá de enfermedades graves, las sustancias que contiene el tabaco pueden causar una mayor predisposición a sufrir procesos infecciosos e inflamatorios como faringitis, sinusitis o resfriados. Además, fumar durante la niñez y la adolescencia puede retrasar el crecimiento y desarrollo de los pulmones, hecho que puede aumentar el riesgo de sufrir afecciones crónicas de las vías respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), en la edad adulta.

De la misma manera, el tabaquismo también aumenta el riesgo de sufrir infecciones respiratorias entre los menores que están expuestos al humo del tabaco. Asimismo, en aquellos pacientes con problemas respiratorios crónicos, el humo actúa como alérgeno, agravando su estado de salud. Así, por ejemplo, el paciente experimentará más crisis y necesitará acudir de forma más frecuente a urgencias.

¿Cómo podemos prevenir el tabaquismo en la adolescencia?
La prevención del tabaquismo pasa en primer lugar por informar a los adolescentes de los peligros del tabaco. Tanto en la escuela como en casa deben implementarse medidas y acciones de concienciación para evitar que los menores sientan curiosidad por probar el tabaco en edades tempranas.

Otra de las medidas pasa por dar ejemplo. A menudo, los adolescentes imitan aquello que ven en casa, por este motivo es muy importante no fumar delante de ellos. De la misma manera, debemos inculcarles unos hábitos de vida saludables, que pasen por la práctica regular de ejercicio físico y el seguimiento de una dieta equilibrada y variada.

Por último, debemos enseñar a nuestros adolescentes a saber decir que no. La adolescencia es una época en que los menores son muy influenciables y a veces actúan por apariencia  o por presión social por no sentirse excluidos del grupo. Por este motivo, es fundamental que sean conscientes de los efectos nocivos del tabaco y que sean capaces de rechazarlo.